Arlette Ramos Alatorre

Vulkas

Gran parte de mi infancia la viví sentada en el asiento delantero del coche entre mi madre y mi padre, recorriendo largas carreteras mientras él, detrás del volante, disfrutaba de conducir rumbo a la casa de mis abuelos, aquel que fue mi segundo hogar durante los fines de semana y las fiestas familiares. Crecí viendo a través del parabrisas. Si cierro los ojos puedo evocar el asfalto requemado por el sol, las señales de tránsito junto a los acotamientos, la desgastada parte trasera de los antiguos trailers y numerosos paisajes tan distintos entre sí. La lluvia, el frío, el calor y el viento que se filtraban por las ventanas, fueron mis compañeros en esos trayectos que entonces me parecían eternos.

En el horizonte de todos aquellos viajes, las vulcanizadoras eran pequeños oasis que nos salvaban el día si un clavo perdido ponchaba cualquiera de los neumáticos. Alguna noche las identifiqué por un pequeño punto de luz a lo lejos que crecía conforme nos acercábamos. Un solitario foco alumbraba una pila de llantas que al verlas calmaban la angustia y el miedo, con la confianza de que ahí parcharían el desperfecto.

¿A cuál de todas esas vulcanizadoras que conocí en mi niñez puedo acudir a que me peguen un parche de goma en el alma, para poder seguir recorriendo la autopista de la vida?

Quisiera poder estar frente a ese medio barril con agua, cuyo propósito es encontrar las fugas de aire en las llantas y usarla para localizar los hoyos que me dejaron en el corazón las pérdidas inesperadas de tantos familiares amados. Colocar el cemento químico que selle bien la goma sobre esos agujeros que causan dolor.

Existen diferentes formas de llamarlas, diferentes nombres para cada partida que dejó un boquete en mi corazón, una perforación que ninguna goma, ninguna herramienta, ni ningún parche podrán reparar, aunque en mi imaginación, cada ausencia será sellada en aquella “Talacha”, en esa “Vulka”, en la “Desponchadora” o en la solitaria “Vulcanizadora” que se presenta como el luminoso faro en la oscura carretera del día a día.